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Dossier

Neuronas humanas que computan: qué hace Cortical Labs, y de quién son esas células

En 2022, un cultivo de neuronas humanas conectado a un juego de Pong aprendió a devolver la pelota. En 2025, la empresa que lo hizo empezó a vender el aparato: 800.000 neuronas humanas vivas sobre un chip de silicio, US$ 35.000 la unidad, o US$ 300 semanales si prefieres alquilarlas por internet. La biocomputación dejó de ser un experimento y pasó a ser un producto con lista de precios. La pregunta que domina la cobertura —¿esas neuronas sienten algo?— es legítima y está abierta. Pero hay otra, menos filosófica y más urgente, que casi nadie hace: **esas células vienen de personas concretas**, reprogramadas a partir de muestras de piel o sangre de donantes adultos, y nadie les preguntó si querían que su tejido terminara ejecutando código comercial.

Actualizado el 23 de agosto de 2026

Estado actual

El campo tiene un producto en el mercado, una base experimental publicada en revistas de primera línea y un vacío regulatorio que sus propios pioneros consideran un riesgo. Las guías internacionales vigentes dejan la investigación con organoides cerebrales fuera de la supervisión especializada, y la única barrera de entrada la pone la propia empresa vendedora: exigir a sus compradores aprobación ética para líneas celulares nuevas. Es una convención de una compañía, no una regla de la industria.

Este dossier separa a propósito dos preguntas que la cobertura mezcla. La de la conciencia —¿hay algo que se sienta al ser este cultivo?— está genuinamente abierta y no la vamos a resolver acá. La del consentimiento —¿de quién son estas células y quién decide qué se hace con ellas?— no requiere resolver la primera: es contestable hoy, con las herramientas del derecho y la bioética que ya existen, y sin embargo es la que menos atención recibe.

Lo que efectivamente ocurrió con el Pong

El experimento fundacional se publicó en Neuron en diciembre de 2022, firmado por diez autores de Cortical Labs y colaboradores, entre ellos Karl Friston, el neurocientífico que formuló el principio de energía libre. El montaje —bautizado DishBrain— conectaba un cultivo de neuronas humanas y de ratón a un array de microelectrodos que traducía la posición de la pelota en estímulos eléctricos, y la actividad de las neuronas en movimiento de la paleta.

El cultivo mejoró su desempeño con la práctica. No "aprendió a jugar Pong" en el sentido en que lo haría una persona: mejoró la tasa de devoluciones dentro de un entorno simplificado, en una escala de tiempo de minutos. Eso es menos espectacular de lo que sugiere el titular y más interesante de lo que sugiere el escepticismo: hubo adaptación medible a la retroalimentación, que es exactamente lo que el marco teórico de los autores predecía.

El título del paper contiene la palabra que arrastró el debate: sentience. Es una elección de los autores, no un hallazgo, y conviene tratarla como lo que es —una interpretación teórica dentro de un marco específico— y no como una conclusión establecida del experimento. Este medio la reporta; no la suscribe.

Vale registrar también cómo se manejó el equipo: antes de publicar consultaron a un especialista en ética y dejaron el trabajo casi un año en un servidor de preprints para recibir crítica de la comunidad. Es más transparencia de la que suele haber en anuncios de este tipo.

El producto: 800.000 neuronas con lista de precios

En marzo de 2025 la empresa presentó el CL1, que describe como el primer computador biológico desplegable por código. Cada unidad contiene unas 800.000 neuronas humanas cultivadas en laboratorio, reprogramadas a partir de muestras de piel o sangre de donantes adultos, dispuestas sobre un array de electrodos que lee y estimula en ciclos de retroalimentación de menos de un milisegundo.

Las células viven hasta seis meses, sostenidas por un sistema de soporte vital que les entrega nutrientes, controla la temperatura, filtra desechos y mantiene el equilibrio de fluidos. La máquina no necesita un computador externo: es una unidad de procesamiento biológica autónoma.

El modelo de negocio es la parte que menos se comenta y más dice sobre el estado del campo:

ModalidadPrecio
Unidad individualUS$ 35.000
En rack de 30 unidadesUS$ 20.000 por unidad
Acceso remoto a cultivos de la empresa ("wetware como servicio")US$ 300 semanales

Las primeras 115 unidades se anunciaron para el segundo semestre de 2025. Los usos que la empresa propone son de investigación: neurociencia, descubrimiento de fármacos, pruebas que hoy se hacen en animales.

Una nota de procedencia que corresponde hacer: el artículo académico que describe el CL1 como plataforma está firmado por Brett Kagan, y su propia declaración de conflictos de interés indica que trabaja en Cortical Labs y posee acciones de la empresa. No invalida el trabajo —la declaración es justamente lo que corresponde hacer— pero es información que el lector merece tener al evaluar las afirmaciones.

La pregunta que casi nadie hace: de quién son estas células

Aquí está el hueco que este dossier quiere subrayar. Un artículo de Nature de 2026 lo plantea sin rodeos: la biocomputación funciona con neuronas corticales humanas, y el campo ha desatendido el problema del consentimiento.

El asunto no es que se hayan tomado células sin permiso. Es que el permiso que se dio no contemplaba esto. Alguien donó una muestra de piel o de sangre para investigación biomédica hace años, cuando la biocomputación comercial no existía como posibilidad. Sus células fueron reprogramadas, se convirtieron en una línea celular, y esa línea sigue viva y trabajando. El consentimiento informado supone saber a qué se consiente, y nadie puede consentir un uso que todavía no ha sido inventado.

De ahí salen tres problemas concretos que el artículo identifica:

  1. La revocación se vuelve imposible con el tiempo. Pasados los años, y especialmente si el donante murió, no hay forma de saber si habría aprobado los experimentos a los que hoy contribuyen sus células. Y hay investigación que muestra que a algunos donantes sí les importa: quieren saber para qué se usan sus tejidos y quieren poder retirar su consentimiento si no están de acuerdo.
  2. El salto hacia lo comercial no biomédico. Un donante puede haber aceptado contribuir a la investigación médica y encontrar muy distinto que sus neuronas terminen haciendo reconocimiento de voz o de rostros para una empresa. Ese salto es exactamente el que la existencia de un producto en venta habilita.
  3. No hay a quién reclamar. Las guías internacionales de referencia en investigación con células madre dejan a los organoides cerebrales en una categoría exenta de supervisión ética especializada. La empresa exige a sus compradores aprobación ética para líneas celulares nuevas, lo que es razonable — pero es la política de una compañía, no una norma que obligue a la industria.

La propuesta que se discute en la literatura es construir mecanismos de consentimiento retrospectivo, o de revisión ética cuando volver a preguntar ya no es posible. Ninguna de las dos cosas existe hoy de manera sistemática.

¿Y sienten algo? El estado real de esa discusión

Conviene decir primero lo que no está en disputa: nadie sostiene que un cultivo de 800.000 neuronas tenga una vida interior comparable a la de un animal, y menos a la de una persona.

Lo que sí se discute es si descartar la pregunta está justificado. Quienes piden mantenerla abierta señalan que los tres motivos habituales para cerrarla —complejidad estructural limitada, ausencia de integración corporal, nula interacción con un entorno— se están erosionando: los cultivos crecen, se conectan a cuerpos simulados y reciben retroalimentación del mundo. Justamente lo que hace un DishBrain.

Quienes la consideran cerrada por ahora responden con anatomía: los organoides corticales actuales no tienen nociceptores —las terminaciones que detectan daño—, ni integración sensorial, ni repertorio conductual. Sin esas piezas, hablar de sufrimiento es proyectar.

Un tercer grupo, y este es el dato más interesante, viene de dentro del propio campo: pioneros de la investigación con organoides han expresado temor de que las afirmaciones infladas sobre biocomputación terminen provocando una reacción social que dañe a toda el área, incluida la investigación médica que no tiene nada que ver con computar. Es una preocupación de gremio, no de escéptico externo.

Y hay evidencia de que cómo se plantea la pregunta cambia la respuesta del público: un estudio de 2026 en Scientific Reports encontró que las preocupaciones éticas sobre organoides cerebrales encarnados están moldeadas por distinciones fundacionales y por la percepción de conciencia que tenga cada persona. No medimos un hecho sobre los organoides cuando preguntamos esto: medimos también las categorías con las que la gente ordena el mundo.

Qué mirar de aquí en adelante

Cuatro señales concretas, ordenadas de más a menos probable:

  • Que aparezca regulación específica. Hoy el campo opera bajo guías que lo dejan fuera del escrutinio especializado. Cualquier movimiento —de una sociedad científica, de una agencia nacional— cambiaría el tablero.
  • Que se estandarice el consentimiento. Formularios que contemplen explícitamente usos no biomédicos y mecanismos de revocación serían la respuesta mínima al problema que este dossier señala.
  • Que el uso salte de la investigación al producto. Mientras estos sistemas se usen para estudiar fármacos, la discusión es acotada. El día que una empresa los use para una tarea comercial corriente, deja de serlo.
  • Que alguien establezca un criterio de sensibilidad. No una respuesta, sino un criterio: qué habría que observar para cambiar de opinión. Sin eso, la discusión sobre conciencia puede durar indefinidamente sin avanzar — que es cómodo para quien prefiere no responder la otra pregunta.

Las posiciones en juego

  • Hay adaptación real, y llamarla por su nombre es más honesto que negarla

    Brett J. Kagan y coautores (Cortical Labs) · Organización

    El cultivo modifica su actividad en respuesta a la retroalimentación del entorno simulado y mejora su desempeño: eso es aprendizaje medible, no una metáfora. Dentro del marco teórico del principio de energía libre —que uno de los coautores formuló—, un sistema que minimiza la sorpresa de sus estados sensoriales exhibe una forma mínima de la propiedad que llamamos sentience. El equipo sometió el trabajo a revisión ética previa y lo dejó casi un año como preprint para recibir crítica antes de publicar.

    Objeción

    "Sentience" es una palabra cargada que en el uso corriente sugiere experiencia subjetiva, y el experimento no muestra nada de eso: muestra adaptación conductual en un entorno de laboratorio. Usarla en el título del paper garantiza titulares que el propio hallazgo no sostiene.

    Contraobjeción

    El término se define explícitamente dentro del marco teórico del trabajo y no pretende designar experiencia consciente; la alternativa —negar que haya aprendizaje alguno— describiría peor lo observado.

    Fuente: In vitro neurons learn and exhibit sentience when embodied in a simulated game-world · Brett J. Kagan y cols. · 2022

  • El problema urgente no es la conciencia: es el consentimiento

    Nature (artículo editorial de análisis, 2026) · Organización

    La biocomputación corre sobre neuronas corticales humanas que provienen de donantes reales, y el campo ha desatendido la pregunta por su consentimiento. Los permisos originales se dieron para investigación biomédica, en un momento en que vender computadores biológicos no era una posibilidad concebible. Hace falta construir mecanismos de consentimiento retrospectivo —o de revisión ética cuando volver a preguntar ya no es posible—, sobre todo ante la perspectiva de que estos sistemas se usen pronto en tareas comerciales sin relación con la medicina.

    Objeción

    Exigir reconsentimiento para cada uso nuevo volvería inviable buena parte de la investigación con líneas celulares, que se apoya justamente en poder reutilizar material donado hace décadas.

    Contraobjeción

    Nadie pide reconsentir cada experimento: se pide un mecanismo para los usos que se apartan sustantivamente de aquello a lo que se consintió — y pasar de estudiar una enfermedad a ejecutar código comercial es, por cualquier estándar, un apartamiento sustantivo.

    Fuente: Researchers are building computers that run on brain organoids — but have neglected a major ethical issue · Nature · 2026

  • Las afirmaciones infladas ponen en riesgo a todo el campo

    Investigadores pioneros en organoides cerebrales · Coalición

    El riesgo no viene sólo de los críticos externos: viene de la promesa exagerada. Treinta investigadores del área sostienen que describir a estas neuronas como "sintientes" carece de justificación científica, y advierten que las afirmaciones expansivas confunden al público y a quienes legislan. Si la biocomputación se vende como "cerebros en un frasco que piensan", la reacción social que provoque no distinguirá entre el producto comercial y la investigación médica con organoides —que sirve para estudiar epilepsia u otras enfermedades y no tiene nada que ver con computar—; el desenlace temido es una regulación tan amplia que termine prohibiéndolo todo. Hay además escepticismo técnico de fondo: lograr que circuitos neurales funcionen según especificaciones humanas está, para algunos neurocientíficos, muy lejos de lo concebible hoy.

    Objeción

    Moderar el lenguaje también puede servir para evitar el escrutinio: si nunca se dice en voz alta lo que el sistema podría llegar a ser, la discusión ética no empieza nunca.

    Contraobjeción

    La precisión no es silencio: describir exactamente qué hace el sistema y qué no es lo que permite tener la discusión ética sobre bases reales en vez de sobre titulares.

    Fuente: Brain organoid pioneers fear inflated claims about biocomputing could backfire · STAT News · 2025

Qué es empírico y qué es conceptual

  • Afirmación empírica

    Un cultivo de neuronas mejoró su desempeño en un entorno tipo Pong

    Publicado en Neuron (2022) con revisión por pares. Lo medible es la mejora de la tasa de aciertos con la práctica, en minutos y en un entorno simplificado.

  • Afirmación empírica

    El CL1 contiene ~800.000 neuronas humanas de donantes adultos y se vende a US$ 35.000

    Especificaciones reportadas por IEEE Spectrum y la propia empresa. El sitio oficial no publica las cifras en su página de producto; el dato proviene de cobertura técnica especializada.

  • Controversia abierta

    Esas neuronas 'sienten' algo

    El término aparece en el título del paper como interpretación dentro de un marco teórico específico, no como hallazgo. Hay quienes piden mantener la pregunta abierta y quienes la consideran cerrada por anatomía (sin nociceptores ni integración sensorial). Este medio la reporta como disputa, no la resuelve.

  • Afirmación empírica

    Los donantes no consintieron el uso de sus células en biocomputación

    No es una especulación: los consentimientos se firmaron para investigación biomédica antes de que existiera esta aplicación. Lo discutible es qué hacer al respecto, no si ocurrió.

  • Posición filosófica

    Debería existir regulación específica para la biocomputación

    Es una posición normativa, no un hecho. Lo verificable es el vacío: las guías internacionales vigentes dejan a los organoides cerebrales fuera de la supervisión ética especializada.

En la línea de tiempo

Conceptos clave

Actores

  • Adeel Razi
  • AI and Ethics (Springer)
  • Alan Turing
  • Analysis (revista)
  • Andy Warhol (caso Brillo)
  • Anthropic
  • Arthur Danto
  • Behavioral and Brain Sciences
  • Ben Bariach
  • Blaise Agüera y Arcas (Google)
  • Brett J. Kagan
  • Bruce G. Buchanan
  • Cameron Domenico Kirk-Giannini
  • Carl Djerassi
  • CASP (evaluación comunitaria)
  • Claude Shannon
  • Corte de Apelaciones del Circuito de D.C.
  • Cortical Labs
  • Dartmouth College
  • David Silver y equipo
  • DeepMind
  • Demis Hassabis
  • Edmund L. Gettier
  • Edward Feigenbaum
  • Edward Shortliffe
  • Elzė Sigutė Mikalonytė
  • Equipo de interpretabilidad de Anthropic
  • equipo PASCAL VOC
  • Eric Allen Jensen
  • FDA (EE. UU.)
  • Fei-Fei Li
  • Florian Buehler
  • Google DeepMind
  • Guanzhong Du
  • Hideaki Kawabata
  • i-Perception (revista)
  • International Society for Stem Cell Research (ISSCR)
  • Isomorphic Labs
  • J. Lomax Boyd
  • Javier Milei
  • John Jumper
  • John Jumper y equipo
  • John McCarthy
  • John Searle
  • Joshua Lederberg
  • Journal of Consciousness Studies
  • Karl J. Friston
  • Kobe Millet
  • Lee Sedol
  • London Mathematical Society
  • Luis de Lecea
  • Mark Solms
  • Markus Kneer
  • Marvin Minsky
  • Michael Bhaskar
  • Michail D. Kokkoris
  • Mind (revista)
  • Morris Weitz
  • Mustafa Suleyman
  • Nathaniel Rochester
  • Nature
  • Noam Brown
  • OpenAI
  • Philipp Schoenegger
  • Planet Labs
  • Princeton University
  • Pushmeet Kohli
  • Scripps Research Institute
  • Simon Goldstein
  • Stanford University
  • Stephen Thaler
  • Susan Schneider
  • Takeda
  • Takeshi Sakurai
  • The Economist
  • The Journal of Aesthetics and Art Criticism
  • The Journal of Philosophy
  • The Philosophical Review
  • Thomas Bloom
  • Thomas Nagel
  • Timothy Gowers
  • U.S. Copyright Office
  • UT Southwestern Medical Center
  • Will Marshall
  • Yanagisawa Masashi
  • Yizhen Zhou

Lentes del medio

Tesis editorial

Lo interesante de la biocomputación no es que las neuronas puedan sentir —eso está abierto y probablemente siga abierto un buen rato— sino que ya se están usando sin haber resuelto una pregunta mucho más simple: de quién son. La discusión sobre conciencia es fascinante y sirve, entre otras cosas, para postergar la discusión sobre propiedad y consentimiento, que es la que tiene respuesta y consecuencias hoy.

Preguntas abiertas

  • ¿Puede alguien consentir hoy un uso de sus células que todavía no existe? El consentimiento informado supone saber a qué se consiente.
  • Si un donante muere y su línea celular sigue viva y trabajando, ¿quién revoca en su nombre?
  • ¿Cambia algo si las neuronas dejan de usarse en investigación biomédica y pasan a tareas comerciales sin relación con la salud, como reconocimiento de voz o de rostros?
  • ¿Qué haría falta observar para que la pregunta por la sensibilidad de estos cultivos dejara de ser especulativa? ¿Y quién debería estar mirando?
  • ¿Es el vacío regulatorio un descuido o una decisión — y a quién beneficia mientras dure?

Fuentes esenciales

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