Biocomputación
Usar tejido vivo —típicamente neuronas cultivadas en laboratorio— como sustrato de cómputo: en vez de simular una red neuronal en silicio, se hace trabajar a neuronas reales conectadas a electrodos.
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La analogía entre cerebros y computadores lleva décadas funcionando en una sola dirección: los computadores imitan al cerebro. Las "redes neuronales" de la IA son matemática inspirada en biología, no biología. La biocomputación invierte el planteo: en lugar de simular neuronas, usa neuronas.
En la práctica se cultivan células nerviosas —a menudo obtenidas reprogramando células adultas de piel o sangre hasta volverlas pluripotentes, y diferenciándolas después hacia neuronas— sobre un array de microelectrodos. Ese array hace dos cosas a la vez: estimula al cultivo con patrones eléctricos que codifican información de entrada, y lee la actividad resultante como salida. Entre ambas se cierra un lazo de retroalimentación, y en ese lazo el cultivo puede modificar su comportamiento.
El experimento que puso el campo en el mapa fue DishBrain (2022): un cultivo acoplado a un Pong simplificado que mejoró su tasa de aciertos con la práctica. Tres años después, la misma empresa vendía el aparato como producto, con neuronas vivas mantenidas hasta seis meses por un sistema de soporte vital.
Conviene tener claro qué promete el campo y qué no. La promesa realista es eficiencia y realismo biológico: el tejido nervioso consume una fracción ínfima de la energía de un centro de datos, y para estudiar cómo responde un cerebro a un fármaco, usar neuronas humanas reales tiene ventajas evidentes sobre simularlas o sobre experimentar con animales. La promesa irreal —que aparece en titulares— es que estos cultivos "piensen" o vayan a reemplazar a los modelos de lenguaje: 800.000 neuronas en una placa no son un cerebro, que tiene del orden de 86 mil millones y una arquitectura que el cultivo no reproduce.
Y hay una diferencia con cualquier otra rama de la computación que este medio considera central: el sustrato viene de personas. Las líneas celulares provienen de donantes concretos que firmaron consentimientos para investigación biomédica, en general antes de que vender computadores biológicos fuera una posibilidad. Esa es la discusión que el campo tiene pendiente, y no depende de resolver si el cultivo siente algo.
¿Por qué te importa?
Es la primera tecnología de cómputo cuyo sustrato es tejido humano vivo. Eso mueve preguntas que en informática no existían —consentimiento, propiedad del material biológico, estatus moral del sistema— desde la ciencia ficción hacia el comité de ética, y ya hay un producto en venta mientras esas preguntas siguen abiertas.
Ejemplos
- DishBrain (2022): neuronas humanas y de ratón sobre microelectrodos mejoran su desempeño en un Pong simplificado, publicado en Neuron.
- CL1 de Cortical Labs (2025): ~800.000 neuronas humanas de donantes adultos, viables hasta seis meses, vendido a US$ 35.000 la unidad.
- 'Wetware como servicio': acceso remoto por suscripción a cultivos alojados en la empresa, sin comprar el aparato.
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Debate y controversia
Tres frentes abiertos y distintos entre sí. Uno es el consentimiento: los donantes autorizaron investigación biomédica, no uso comercial, y no existen mecanismos sistemáticos de revocación. Otro es la sensibilidad: si un cultivo acoplado a un entorno puede llegar a experimentar algo, discusión que unos consideran prematura de cerrar y otros ya cerrada por anatomía. El tercero es de lenguaje: pioneros del propio campo advierten que las afirmaciones infladas pueden provocar una reacción social que dañe también a la investigación médica con organoides.
Fuentes
Brett J. Kagan y cols. (Cortical Labs) · 2022
Registro Crossref: título exacto, diez autores (incluido Karl J. Friston), Neuron 110(23), pp. 3952–3969.e8, diciembre de 2022 (consultado 2026-08-23). El término 'sentience' del título es de los autores y responde a su marco teórico; este glosario lo reporta, no lo suscribe.
Brett J. Kagan · 2025
Registro Crossref: Nature Reviews Bioengineering 3(9), 7-jul-2025. El registro declara el conflicto de interés del autor (empleado y accionista de Cortical Labs), dato que corresponde tener al evaluar sus afirmaciones (consultado 2026-08-23).
Nature · 2026
Consultado el 2026-08-23: sostiene que el campo desatendió el consentimiento de los donantes y propone mecanismos de consentimiento retrospectivo o revisión ética. nature.com redirige a autenticación para el texto completo.